El cuidador domiciliario en el siglo XXI

CAPÍTULO 3:

Introducción

“Se cura algunas veces. Se alivia con frecuencia. Se cuida siempre”.

Aforismo anónimo, siglo XV.

La transformación demográfica que se está produciendo en los países de la región, y particularmente en la Argentina, permite advertir que tanto la necesidad de cuidados como la atención a las personas mayores dependientes irán incrementándose.

El envejecimiento poblacional nos propone la necesidad de producir un gran número de cambios, que apunten a reformular y potenciar los servicios sociales y sanitarios de modo que resulten óptimos, adecuados, suficientes y de calidad para la población mayor. Este envejecimiento configura de por sí escenarios que implican el diseño de nuevas estrategias de acción integrales y la readecuación de los apoyos informales como de los formales.

La necesidad de cuidado en las edades más avanzadas no es asunto nuevo: en todas las sociedades siempre ha habido personas que han requerido la ayuda de otros para realizar las actividades de la vida cotidiana. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, el modo como se ha dado respuesta a las necesidades de cuidado ha experimentado notables cambios.1

De esta manera, el cuidado se ha ido constituyendo en un problema moderno debido a las particularidades de la situación actual2, que nos desafía día a día a seguir profundizando sobre este tema, repensando estrategias y readecuando características y potencialidades, que impacten en una mejor calidad de vida de las personas mayores. Estos cambios -entre otros- nos permitan delinear el nuevo paradigma de uno de los actores fundamentales del sistema de cuidados: el cuidador domiciliario del siglo XXI.

El cuidado es la acción social encaminada a garantizar la supervivencia social y orgánica de las personas con dependencia, es decir, de quienes carecen de autonomía personal y necesitan ayuda de otros para la realización de los actos esenciales de la vida diaria”.

Rol del cuidador domiciliario

El rol “(…) es un modelo organizado de conducta, relativo a una cierta posición del individuo en una red de interacciones ligado a expectativas propias y de los otros”.

Se denomina “rol” al desempeño de una persona en una situación dada, a la manera en que demuestra lo que se espera de su posición.

Podemos decir que el rol es el papel que se representa. Es la conducta esperada en el seno de un grupo, de una sociedad, e implica un interjuego entre el conjunto de conductas adjudicadas y asumidas, las que se esperan y las que se demuestran.

El rol del cuidador domiciliario, como otros roles, requiere de una construcción, y para ejercerlo se necesita la presencia del otro que demande sus servicios. En esta construcción e interrelación entre cuidadores y personas cuidadas, necesariamente deben aparecer el ajuste recíproco de comportamientos, y la asociación para que se produzca la concreción del rol.

Podemos decir que es un rol nuevo, que su aparición se relaciona con el envejecimiento poblacional y la necesidad de generar estrategias de atención al adulto mayor evitando, o retrasando, su institucionalización residencial.

El buen ejercicio del rol del cuidador domiciliario requiere de la incorporación de conocimientos y de una fuerte motivación vocacional y actitudinal. “Cuidar” es diferente a “asistir”, ya que requiere una particular implicación y compromiso técnico.

En la construcción de su rol, el cuidador domiciliario recibe la demanda de sus servicios por parte del adulto mayor, es decir que no produce bienes materiales, sino que realiza prestaciones de apoyo al desarrollo de las actividades de la vida diaria de las personas.

En el imaginario social este rol suele asociarse con la demanda de tareas suministradas por el personal de los servicios doméstico o auxiliar de enfermería. En este sentido es importante afirmar que el rol de cuidador domiciliario es aquel que se halla inserto en servicios de atención domiciliaria de baja tecnología.

Es un rol que en su ejercicio brinda apoyo al adulto mayor en las actividades de la vida diaria, manteniéndolo en su hogar el mayor tiempo posible y conveniente, inserto en su comunidad y conservando sus roles familiares y sociales, con el fin de mejorar su calidad de vida.

Cuidador formal y cuidador informal

Otro aspecto a distinguir en el ejercicio del rol de cuidador domiciliario, es diferenciar si quien lo ejerce es un cuidador informal o un cuidador formal.

Los cuidadores informales, representados generalmente por familiares, amigos o vecinos, no disponen de capacitación, muchas veces no perciben remuneración, o si las perciben son insuficientes, tienen un elevado compromiso afectivo y por lo general no tienen límite de horario. Dentro de este grupo suelen identificarse el cuidador principal (cónyuge o familiar femenino más próximo) y los cuidadores secundarios que no tienen la central responsabilidad del cuidado del adulto mayor sino que secundan al principal.

El cuidador formal, en cambio, es quien recibe una capacitación teórico práctica desde una concepción bio-psico-social de la vejez y del envejecimiento en interacción con su entorno, que apunta a generar estrategias de autovaloración y autocuidado, desarrolla habilidades a través de las tareas diarias como cuidador domiciliario -toma de decisiones, prevención de situaciones de riesgo y derivación profesional ante circunstancias que lo excedan.

Esta formación se realiza desde una mirada interdisciplinaria de la vejez y el envejecimiento. Apunta a la apropiación de conocimientos y prácticas, destinadas a promover la autonomía de las personas mayores, a través del acompañamiento, apoyo y sustitución (en el caso que la situación lo requiera) en las actividades de la vida cotidiana.

Un aspecto fundamental a tener en cuanta en los sistemas de cuidados domiciliarios es el detenerse en el reconocimiento e identificación de las funciones del cuidador y en especial en su perfil, determinando dos niveles bien diferenciados del mismo: el perfil laboral y el perfil técnico.

El cuidador formal no lo es sólo a partir de la capacitación específica que recibe, sino también a partir de las funciones que desarrolla y de la construcción de su perfil técnico y laboral.

Utilizaremos aquí la palabra función en el sentido de una realización o el ejercicio de una profesión, cargo o actividad.

El concepto de perfil se define como la expresión de cada una de las cualidades que define a una determinada persona. Es el conjunto de condiciones o rasgos propios de una persona o cosa.

Detallamos a continuación las funciones del cuidador domiciliario y sus perfiles técnico y laboral.

 Funciones del cuidador domiciliario

A partir del rol del cuidador domiciliario, es posible hacer una identificación de las funciones inherentes a su tarea, agrupándolas y categorizándolas en cuatro competencias:

• Prevención: accionar del cuidador domiciliario que permite advertir y detectar de manera precoz aquellas situaciones que se presenten como mediadores y/o conducentes a deterioros en los aspectos bio-psico-social de las personas que reciben el cuidado domiciliario. Palabras clave: advertencia, alarma, detección.

• Promoción: centrar la mirada en la identificación y la optimización de las posibilidades existentes que presenta cada persona cuidada, de las conductas rescilientes y promover acciones de estimulación que permitan o fortalezcan, según corresponda, la integración social a fin de lograr una mejor calidad de vida. Palabras clave: rescilencia, optimización, estimulación.

• Educación: esta función pretende que el cuidador domiciliario sea el interlocutor para difundir aquellos conocimientos específicos incorporados, a quien cuida y a su grupo familiar. Transmitir conceptos acerca de cuidados y autocuidados; proveer información sobre la disponibilidad y acceso de recursos existentes a nivel comunitario; incidir en la desmitificación de prejuicios y estereotipos. Palabras clave: información, comunicación, difusión, formación.

• Asistencia: proveer apoyo y entrenamiento en el desenvolvimiento de las actividades de la vida diaria del adulto mayor, en el cuidado de la salud, en la rehabilitación posible en cada caso y situación particular, y en todo aquello que incida en una mejor calidad de vida, de aquellas personas que reciben el cuidado. Palabras clave: apoyo, adiestramiento, calidad de vida.

 Perfil técnico del cuidador domiciliario

El perfil técnico es “el conjunto de aptitudes, conocimientos y experiencia laboral de una persona”. Se entiende como el conjunto de requisitos requeridos, cualidades y conocimientos que deben incorporar los educandos o potenciales cuidadores, con el fin de proveer en forma óptima y adecuada servicios de cuidados.

Establecer y regular el perfil técnico del cuidador implica la necesidad de coherencia y concordancia con las funciones y las tareas que se requieren para dar cumplimiento al perfil laboral de quien se desempeña como tal. Es necesario por lo tanto, detallar los requisitos a tener en cuenta al momento de valuar y evaluar la pertinencia del perfil técnico.

Describir y delimitar este perfil incluye por lo tanto:

la necesidad de conocer objetivamente datos como la edad, el nivel de educación y la experiencia,

como así también los aspectos relacionados a las características de la personalidad que influyen directamente en la aptitud, habilidad o destreza de quien se formará como cuidador,

y en igualdad de importancia la correspondiente capacitación e incorporación de saberes y conceptos, requisito fundamental para la formación y el desarrollo de recurso humano calificado e idóneo para la tarea.

Los requisitos mencionados deben concentrarse en cuatro variables, que pueden enunciarse como las de índole personal, socio-económica, psicológica y formativa.

 Variables de índole personal

La primera variable incluye los indicadores correspondientes a edad, sexo, y salud.

La edad se transforma en un indicador de relevancia al momento de determinar el perfil técnico del cuidador domiciliario, la franja etárea que se propone y se considera adecuada es la de 25 a 50 años, y se corresponde con los requisitos madurativos de los cuidadores.

Personas de poca edad podrían tener dificultades al momento de la toma de decisiones o en situaciones en las que se ponen en juego relaciones intrafamiliares. Y aquellos que tuvieren una edad cercana a los adultos mayores que cuidan, seguramente tendrían un alto grado de involucramiento emocional que no les permitirá mantener la distancia óptima y obstaculizaría el desarrollo de la tarea.

De todas maneras, estas consideraciones no pretenden ser categóricas, será incumbencia de quien valora este indicador, proponiendo en cada caso particular la flexibilidad necesaria, sin dejar de visualizar que su modificación no incidirá en la realización de la tarea de cuidados domiciliarios de manera eficaz y eficiente.

El sexo es un indicador de poca incidencia al momento de evaluar el perfil técnico de quien recibirá la capacitación, no es excluyente y no existe diferenciación alguna. Mujeres y varones tienen capacidades y están en condiciones de prestar servicios de cuidados domiciliarios a pesar de ser ésta una tarea asociada a la competencia femenina.

La salud sí se convierte en un indicador fundamental, pues permite determinar las condiciones adecuadas y necesarias que el cuidador debe tener para el desarrollo de su tarea. Tener un buen estado de salud, implica la evaluación de los aspectos físicos y psíquicos del cuidador.

La variable socioeconómica

Esta variable concentra indicadores objetivos tales como los sociales y los económicos. Los indicadores sociales deben ser evaluados en profundidad pero para nada deben considerarse excluyentes.

Si bien la persona que se propone para la tarea de cuidador asume un rol social que implica un gran compromiso y responsabilidad en el ámbito comunitario, seguramente son personas que tienen una carga familiar importante, poca disponibilidad y flexibilidad horaria y situaciones imponderables a resolver en el día a día.

Cuestiones que por supuesto requieren de una evaluación profunda y deben ser consideradas relevantes pero nunca determinantes de la exclusión, pues una buena intervención de los profesionales evaluadores puede contribuir a la identificación y organización de estos aspectos, contribuyendo no sólo la posibilidad de aplicar paliativos a las dificultades planteadas, sino especialmente propiciar la inclusión social a partir de la formación, permitiendo no sólo la incorporación de conceptos sino propiciando la elevación de la autoestima y autovaloración de las personas que participen de la capacitación.

Los indicadores económicos cumplen un rol relevante, pues ponen en juego aspectos bien diversos, relacionados con la remuneración o pago que van a percibir por la tarea como cuidador, la satisfacción por el desempeño del rol y sus funciones, y la capacidad para el trabajo. Este indicador también asume un carácter relevante, pues nos obliga a diferenciar y valorar si la elección de formarse como cuidador domiciliario está más motivada por la posibilidad de generar recursos e ingresos económicos que optar por una razón verdaderamente vocacional. O bien la confluencia de ambas.

Este indicador, en el ámbito del Estado Nacional, responde a las políticas sociales y públicas de generación de empleo. Muestra de ello es el Programa Nacional de Cuidados Domiciliarios que prioriza la inclusión de personas desocupadas o aquellas titulares de derechos de planes nacionales, provinciales o municipales, proyectando su inclusión sociolaboral.

 La variable psicológica

La variable psicológica concentra aspectos claves en la constitución del perfil técnico del cuidador domiciliario, pues influye sustancialmente en la construcción de vínculos con la persona que recibe el cuidado, su entorno y grupo familiar y sus redes sociales de apoyo. Esta variable considera los siguientes indicadores: cualidades personales y cualidades actitudinales.

Las cualidades personales son aquellas que representan al cuidador domiciliario en el desempeño de su tarea y se relacionan con las características de personalidad. La responsabilidad, el compromiso, la autoestima, la autovaloración, la integridad ética y moral, son algunas.

Las cualidades actitudinales se refieren a aquellas capacidades cognitivo-afectivas que respaldarían una adecuada atención al destinatario del servicio de cuidados6. Son el conjunto de valores, creencias, conocimientos y expectativas propias de cada individuo. Representan lo que una persona considera como verdadero-falso, bueno-malo.

La variable formativa

Implica el aprendizaje desde tres perspectivas o ámbitos: el conocimiento, el desarrollo de habilidades y la presencia de valores y actitudes. Este proceso producirá como resultado final mejor rendimiento, nuevas habilidades, nuevos conocimientos y nuevas actitudes.

El análisis de esta variable debe considerar indicadores relativos a la instrucción y a la experiencia. En el desarrollo de la misma, las capacidades básicas para la formación como la educación formal, la educación no formal y la experiencia ocupan un lugar destacado, por ende son los indicadores de la variable enunciada.

La educación formal resulta un indicador importante, se valora el nivel primario completo como el adecuado, teniendo en cuenta que es necesario que quien va a recibir la capacitación específica de cuidador domiciliario cuente con herramientas tales como lectura fluida, comprensión de textos, redacción coherente y otros.

La educación no formal, concentra el recorrido de las personas en áreas por fuera del sistema educativo formal. Este indicador permite inducir al momento de evaluar a personas con deseos de capacitarse, la motivación que presentan en relación a la temática y la iniciativa para la formación.

La experiencia es un factor motivador de importancia, e insta a las personas que realizan esta actividad de manera empírica a transformarse en un recurso humano calificado para la tarea.

Su formación, desde una perspectiva integral e integrada de la vejez y del envejecimiento, busca potenciar aquellos aspectos ligados a la relación cuidador domiciliario-persona cuidada, priorizando la flexibilidad en el trato personal, la adaptación al desempeño de sus funciones, el acompañamiento con una actitud de comprensión y escucha, respetando la autonomía y favoreciendo la autoestima de la persona atendida y la madurez para superar situaciones de pérdida o duelos.

En síntesis, la búsqueda del perfil técnico óptimo del cuidador domiciliario debe potenciar aspectos ligados a la relación cuidador – persona cuidada.

En la construcción del perfil técnico, será importante trabajar aspectos relacionados a sentimientos de omnipotencia y su contracara de impotencia o frustración ante la imposibilidad de dar respuestas a todas las demandas que puede realizar el adulto mayor. Por lo tanto será importante que el cuidador domiciliario pueda con la supervisión de los profesionales trabajar en la identificación y delimitación de metas posibles.

Otro aspecto que contribuye al perfil técnico es el motivacional, en la elección de este rol; el por qué desea y elige ser cuidador domiciliario.

¿Tiene en su familia alguna persona adulta mayor, discapacitada o con una enfermedad que requiere o ha requerido cuidados y se profesionaliza para ofrecer sus servicios?

¿Ve su tarea como un acto de solidaridad y conmiseración con el otro? ¿Cree que se trata de un perfil asistencial basado en la compasión y en la satisfacción personal que da ayuda al prójimo?

¿Entiende que esta capacitación se convertirá en un facilitador para su inclusión sociolaboral?

Las respuestas a estas preguntas servirán también como insumos para los profesionales que coordinan o supervisan los sistemas de cuidados. Les permitirá trabajar específicamente en la apropiación del rol por parte del cuidador domiciliario para poder a través del mismo trasmitir la especificidad de su tarea, plasmar en cuidados idóneos y adecuados la prestación, e identificar, cuando se posee, la vocación.

Y además, advertir la ventaja y el deseo de organizarse en cooperativas, herramienta fundamental para su desarrollo personal y del grupo.

Perfil laboral del cuidador domiciliario

El perfil laboral es el conjunto de las tareas, funciones, acciones y características de una ocupación o trabajo determinado.

En el perfil laboral del cuidador domiciliario deben considerarse las tareas que se espera que él desarrolle en correspondencia con los conocimientos y saberes adquiridos durante la formación. Se refiere a las tareas, rol y funciones, relacionadas a las características propias del desenvolvimiento de la vida diaria del adulto mayor.

El logro de un perfil laboral adecuado debe ser prioritario en la escala de objetivos de quienes tienen la responsabilidad de capacitar y formar recurso humano para la atención domiciliaria.

Calificar a este grupo requiere de un gran compromiso académico para la implementación del programa educativo y por supuesto implica la necesidad de generar aquellas herramientas necesarias, que permitan, en proyección, visualizar la inclusión sociolaboral de los cuidadores en el mercado formal de trabajo.

Tareas inherentes al perfil laboral del cuidador domiciliario

Se detallan a continuación aquellas tareas inherentes al perfil laboral del cuidador domiciliario, que deben ser propuestas en el marco formativo desde un enfoque integral (bio-psico-social) de la vejez y basado en el paradigma de derechos:

Acompañamiento y asesoramiento en todas las actividades de la vida diaria.

Administración de medicamentos por vía oral y de uso externo, indicado y prescripto por profesionales.

Preparación de alimentos. Ingesta asistida.

Higiene y arreglo personal y del hábitat.

Acciones preventivas de accidentes.

Actividades recreativas y ocupacionales acorde a sus posibilidades.

Colaboración en las prácticas indicadas por el profesional.

Difusión de acciones de promoción de la salud y reinserción social.

En resumen

La conjunción del perfil técnico y laboral en el perfil “cuidador domiciliario” implica formación, idoneidad, responsabilidad, compromiso, disposición para trabajar en equipo, aceptación de indicaciones emanadas de los profesionales intervinientes, capacidad para realizar aportes criteriosos, confidencialidad, ética. Requerimientos excluyentes, entre otros, que debe reunir una persona para desempeñarse en los servicios de cuidados domiciliarios.

El cuidador domiciliario, cualquiera sea su ámbito de actuación, ya sea bajo relación de dependencia, como integrante de una cooperativa, o como trabajador independiente, necesitará desarrollar sus actitudes personales, sus conocimientos, su experiencia, y sus habilidades y destrezas adquiridas a fin de afianzarse en su desarrollo laboral.

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2 respuestas a El cuidador domiciliario en el siglo XXI

  1. fabian dijo:

    me llamo martha y estoy haciendo un curso de cuidadores domiciliarios,me gusta muchisimo y kiero kapasitarme

    • Martha, me alegra mucho que quieras capacitarte, si eres de Mendoza, el día 20 de marzo comienzan los talleres de capacitación permanente que da la Dirección de Ancianidad. El horario habitual es de 08:30 a 12:30 hs., todos los 3ros martes de cada mes a partir del mes de marzo, si te interesa avísame para que si hay algún cambio de horario te lo comunique. Necesitamos muchas personas que puedan ofrecerles a los adultos mayores cuidados y de la mejor manera de dárselo es capacitándonos en todo lo que podamos.

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